martes, 14 de diciembre de 2010
jueves, 2 de diciembre de 2010
Recuerdos
Abrí los ojos y me encontré envuelta en sábanas tibias, sedosas, vaporosas que escurrían por mi piel acariciándola despacio. La luz anunciaba un sol tímido tratando de colarse por las cortinas de bambú de la habitación desconocida en la que estaba amaneciendo.
Deslizando un dedo sobre mi pecho me percaté de la desnudez que me cubría desde hacía algunas horas. En la mesita de al lado estaban los vasos medio vacíos de whiskey.
Una musiquilla me sacó del sopor que me embargaba y lo vi acercarse al lecho. Sostenía dos tazas de café y sonreía. sonreía y me miraba con ternura y calor al mismo tiempo. Recordé.
Después de una larga charla de las coplejidades de la vida, oyendo buena música y bebiendo un rico vino, no sé quién inició.
Primero fue un beso, corto y pausado, suave, los labios apenas se tocaron y el calor fue tal... ardían de deseo. Parecía que habían estado esperando ese momento largo tiempo, muchas vidas atrás.
Sus manos en mi cara, con los ojos cerrados, poco a poco se fue acercando más, se acercaba a mis senos cálidos, a mi vientre palpitante, a las piernas que me temblaban, esas mismas que tantas veces le habían enloquecido los ojos.... ¡le deseaba tanto!
Los besos se iban humedeciendo, los cuerpos se fueron abrazando; retozamos largas horas con nuestras bocas juntas, esperando vencer el límite de las telas. Tímidamente acariciaba mi espalda mientras yo desabotonaba su camisa, botón a botón, clavando un poquito nada más, mis uñas en su carne, blanca, ligera, mía....
Unos sorbos de escocés, un cigarrillo, esos de "suicídese despacio", algunas palabras cortas, otro abrazo, una mirada profunda urgando en las pupilas, me mordía los labios,... creo que le gustaba verme morder el labio.... y continuaba la exploración de nuestros cuerpos sedientos uno del otro, atemorizados un poco por ser nosotros, sabiendo que siempre, desde hacía siglos esperábamos el momento de traspasar la barrera del tiempo y recordar quienes fuimos, dónde estuvimos, qué días habíamos vivido, pero.... no sucedió.
Nunca vencimos esa barrera; a veces se coronaba con lágrimas la despedida, y cada que podía, corría de nuevo allá, a esa habitación suya tan mía... y me abrazaba a sus labios y a sus piernas, y nos besábamos hasta el cansacio tratando de encontrarnos de nuevo.... tal vez en otra vida.... tal vez luego... tal vez vuelva a besar esa boca mía.
Está rico el café, ven conmigo, acuéstate aquí, a mi lado, deja que te acaricie el cabello y mirar tus ojos negros y besarte después toda la cara, ven amor, vivamus.....
Deslizando un dedo sobre mi pecho me percaté de la desnudez que me cubría desde hacía algunas horas. En la mesita de al lado estaban los vasos medio vacíos de whiskey.
Una musiquilla me sacó del sopor que me embargaba y lo vi acercarse al lecho. Sostenía dos tazas de café y sonreía. sonreía y me miraba con ternura y calor al mismo tiempo. Recordé.
Después de una larga charla de las coplejidades de la vida, oyendo buena música y bebiendo un rico vino, no sé quién inició.
Primero fue un beso, corto y pausado, suave, los labios apenas se tocaron y el calor fue tal... ardían de deseo. Parecía que habían estado esperando ese momento largo tiempo, muchas vidas atrás.
Sus manos en mi cara, con los ojos cerrados, poco a poco se fue acercando más, se acercaba a mis senos cálidos, a mi vientre palpitante, a las piernas que me temblaban, esas mismas que tantas veces le habían enloquecido los ojos.... ¡le deseaba tanto!
Los besos se iban humedeciendo, los cuerpos se fueron abrazando; retozamos largas horas con nuestras bocas juntas, esperando vencer el límite de las telas. Tímidamente acariciaba mi espalda mientras yo desabotonaba su camisa, botón a botón, clavando un poquito nada más, mis uñas en su carne, blanca, ligera, mía....
Unos sorbos de escocés, un cigarrillo, esos de "suicídese despacio", algunas palabras cortas, otro abrazo, una mirada profunda urgando en las pupilas, me mordía los labios,... creo que le gustaba verme morder el labio.... y continuaba la exploración de nuestros cuerpos sedientos uno del otro, atemorizados un poco por ser nosotros, sabiendo que siempre, desde hacía siglos esperábamos el momento de traspasar la barrera del tiempo y recordar quienes fuimos, dónde estuvimos, qué días habíamos vivido, pero.... no sucedió.
Nunca vencimos esa barrera; a veces se coronaba con lágrimas la despedida, y cada que podía, corría de nuevo allá, a esa habitación suya tan mía... y me abrazaba a sus labios y a sus piernas, y nos besábamos hasta el cansacio tratando de encontrarnos de nuevo.... tal vez en otra vida.... tal vez luego... tal vez vuelva a besar esa boca mía.
Está rico el café, ven conmigo, acuéstate aquí, a mi lado, deja que te acaricie el cabello y mirar tus ojos negros y besarte después toda la cara, ven amor, vivamus.....
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Volverás
Me levanté más o menos temprano, di unos sorbos al agua helada que estaba en un vaso sobre mi buró y abrí la regadera.
Poco a poco me fui quitando la pijama. Primero una zapatilla de descanso, luego la otra, iba desabotonando pausadamente mi camisilla y luego saqué el pantalón y lo demás.
El agua calientita corrió por mi cuerpo por diez o quince minutos, deliciosamente.
Con mi taza de café me vestí con más prisa, veía el reloj avanzar y el trabajo no perdona.
Agarré my long commute una vez que le di de comer a mi perrito.
Los pensamientos mañaneros no son muy claros, a veces me sorprendo de mi propia lucidez y otras de plano, me da miedo estar conmigo ese rato carretero.
Por ejemplo, hoy en la mañana me iba imaginando una buena historia, no digo de novela, pero para una narrativa corta.... y justo ahora, que estoy escribiendo, se fue. Además, he de confesar, quedé medio confusa luego de leer un interesante post de mi querido amigo Gasca, Relativismo e inacción, no comenté nada genial, solo me perdí más d elo qu8e estaba, .... querdio, si leees esto, acepta mi disculpa ppor ocupzar así el espacio, prometo compensarte con un buen texto, de esos que se que te gustan.
Pues me voy, un rato y tal vez algo vuelva a resplandecer en mi cerebro dormido, digo, a las cuatro de la tarde, ¿quién demonios carbura?
Poco a poco me fui quitando la pijama. Primero una zapatilla de descanso, luego la otra, iba desabotonando pausadamente mi camisilla y luego saqué el pantalón y lo demás.
El agua calientita corrió por mi cuerpo por diez o quince minutos, deliciosamente.
Con mi taza de café me vestí con más prisa, veía el reloj avanzar y el trabajo no perdona.
Agarré my long commute una vez que le di de comer a mi perrito.
Los pensamientos mañaneros no son muy claros, a veces me sorprendo de mi propia lucidez y otras de plano, me da miedo estar conmigo ese rato carretero.
Por ejemplo, hoy en la mañana me iba imaginando una buena historia, no digo de novela, pero para una narrativa corta.... y justo ahora, que estoy escribiendo, se fue. Además, he de confesar, quedé medio confusa luego de leer un interesante post de mi querido amigo Gasca, Relativismo e inacción, no comenté nada genial, solo me perdí más d elo qu8e estaba, .... querdio, si leees esto, acepta mi disculpa ppor ocupzar así el espacio, prometo compensarte con un buen texto, de esos que se que te gustan.
Pues me voy, un rato y tal vez algo vuelva a resplandecer en mi cerebro dormido, digo, a las cuatro de la tarde, ¿quién demonios carbura?
viernes, 26 de noviembre de 2010
Una tarde clara, airosa, me remontó a esas tardes huecas y llenas de sinsentidos con sentido.
Una noche fría, oscura, llevó mi espectro hasta la punta de la montaña en la que nadie escucha los gritos ensordecedores de mi garganta destrozada.
Lunas enteras que se pagan para no mostrarme más la luz, que dejaron en penun¡mbra a mi musa, aquélla que escapó hace no sñe qué tanto tiempo. La misma musa que me abandonó en medio de una botella de whiskey cuando quise hacer un compendio de lágrimas.
No quiero seguir si no sé a donde llevar mis pasos. No quiero hacer un alto en el camino, he perdido tanto tiempo.
No puedo lamentar cosa alguna que no sea las eternas horas frente a la nada.
El tiempo que pase sola, sin libros, sin fantasmas, sin tabaco, solo conmigo sin llegar a ningún lado.
La sangre torrente que mana de mis manos es la pureza del exterminio de mi alma.
Es la que me bebi sentada en el suelo de nigún lado, mientras dominaba parajes descabelladamente públicos sin que nadie me notara.
Es el residuo del espectro que soy porque soy todos, soy olvido, soy hambre y orgía.
Soy... esa, Jana Suro, la piedra de los sueños inmortales de la languidez humana.
Una noche fría, oscura, llevó mi espectro hasta la punta de la montaña en la que nadie escucha los gritos ensordecedores de mi garganta destrozada.
Lunas enteras que se pagan para no mostrarme más la luz, que dejaron en penun¡mbra a mi musa, aquélla que escapó hace no sñe qué tanto tiempo. La misma musa que me abandonó en medio de una botella de whiskey cuando quise hacer un compendio de lágrimas.
No quiero seguir si no sé a donde llevar mis pasos. No quiero hacer un alto en el camino, he perdido tanto tiempo.
No puedo lamentar cosa alguna que no sea las eternas horas frente a la nada.
El tiempo que pase sola, sin libros, sin fantasmas, sin tabaco, solo conmigo sin llegar a ningún lado.
La sangre torrente que mana de mis manos es la pureza del exterminio de mi alma.
Es la que me bebi sentada en el suelo de nigún lado, mientras dominaba parajes descabelladamente públicos sin que nadie me notara.
Es el residuo del espectro que soy porque soy todos, soy olvido, soy hambre y orgía.
Soy... esa, Jana Suro, la piedra de los sueños inmortales de la languidez humana.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Para variar, constancia.....
No es una de mis características.
Escribí hace año y medio y no había vuelto a ver este blog.
Es una pena.
Ya no quiero decir que voy a hacerlo, que me voy a aplicar, que ahora sí.... eso no funciona, me queda claro que lo único válido a estas alturas de mi vida sólo es la acción.
Y en eso estoy.
Quiero decir, he tenido una serie de serias experiencias que me han hecho pensar algunas cosas, entre ese montón de cosas, chicas y grandes que he pensado estos días, está el de disciplinarme en una solo cosa: hacer las cosas.
También es muy importante entender que hacer las cosas significa hacerlas uno mismo, no esperar a que otros lo hagan, rogando al cielo que lo hagan bien.... no, no es así.
Otra cosita que me viene a la mente últimamente, es mi visión de la vida misma, el cambio de actitud requerido puede hacer la diferencia, así que más me vale ser más analítica, menos impulsiva, más desconfiada y menos melancólica, más fría y menos platicadora, menos televisiva y más lectora, menos fan y más disfrutadora de mi música, más yo y menos quien esperan que sea.
Es un buen momento para renacer y emprender mis proyectos, claro con la orientación de mis sabios de cabecera, pero tomando parte activa.
Dejar de lado mis demonios es otra cosa que hay trabajar, pero rápido, por ejemplo, mi tesis de postgrado va a salir más que bien, ¿por qué me paniqueo? ¡¡¡Ni que no me conociera!!!
Bien, para ser el inicio está bien. Hasta mañana pues, y que el mundo siga girando que lo he de alcanzar.
No es una de mis características.
Escribí hace año y medio y no había vuelto a ver este blog.
Es una pena.
Ya no quiero decir que voy a hacerlo, que me voy a aplicar, que ahora sí.... eso no funciona, me queda claro que lo único válido a estas alturas de mi vida sólo es la acción.
Y en eso estoy.
Quiero decir, he tenido una serie de serias experiencias que me han hecho pensar algunas cosas, entre ese montón de cosas, chicas y grandes que he pensado estos días, está el de disciplinarme en una solo cosa: hacer las cosas.
También es muy importante entender que hacer las cosas significa hacerlas uno mismo, no esperar a que otros lo hagan, rogando al cielo que lo hagan bien.... no, no es así.
Otra cosita que me viene a la mente últimamente, es mi visión de la vida misma, el cambio de actitud requerido puede hacer la diferencia, así que más me vale ser más analítica, menos impulsiva, más desconfiada y menos melancólica, más fría y menos platicadora, menos televisiva y más lectora, menos fan y más disfrutadora de mi música, más yo y menos quien esperan que sea.
Es un buen momento para renacer y emprender mis proyectos, claro con la orientación de mis sabios de cabecera, pero tomando parte activa.
Dejar de lado mis demonios es otra cosa que hay trabajar, pero rápido, por ejemplo, mi tesis de postgrado va a salir más que bien, ¿por qué me paniqueo? ¡¡¡Ni que no me conociera!!!
Bien, para ser el inicio está bien. Hasta mañana pues, y que el mundo siga girando que lo he de alcanzar.
jueves, 11 de junio de 2009
Casi 30
No tengo remedio. No escribo, pro lo tanto nadie me lee y, obviamente, no hay comentarios y menos pensar en retroalimentación.
En fin. Lo importante hoy aquí es que estoy a punto de cumplir 30 años, a escasos 15 días.
No se qué voy a hacer, ni sisquiera sé si haya oportunidad de algo, lo cierto es que me muero de ganas desde hace tiempo de una fiesta, pero para variar, depende primero de que no haya trabajo electoral y segundo, de mi estado de ánimo.
Por primera vez en mucho tiempo, debo confesar, no me genera crisis cumplir años. Hoy puedo hacer un breve recuento de mi vida y en realidad no voy nada mal. Me siento orgullosa de mi misma. Por supuesto, también puedo hacer una no tan breve lista de cosas pendientes, pero como mal se dice, hay más tiempo que vida.
Tengo una carrera, titulada.
Tengo una especialidad, pendiente de titutar.
Tengo un postgrado por una Universidad extranjera.
Hice dos o tres diplomados en mi materia favorita, Filosofía.
Casi hablo tres idiomas.
He visto en concierto a Bosé y a Sanz.
He viajado en tres de los cinco continentes.
Estoy felizmente casada.
Tengo un gtrabajo fenomenal, auqnue sea por poco tiempo.
Además de todo eso, mis orgullos:
Mi madre está ne la Uni.
Mi hermana ya trabaja.
Mi padre sigue siendo cada vez más.
Mi marido es admirable y adorable.
Mis amigos son pocos pero de verdad, y les va bien.
Lo que falta:
Escribir un libro.
Leer muchos libros -empezaré por quitarles la envoltura-.
Tener un hijo.
Plantar un árbol.
Obtener el Fiat.
Decir un discurso frente al Gober y al Presi.
Reconciliarme con mis viejas derrotas.
Convencerme de que soy hermosa y genial.
Dejar de fumar.
Hacerme de hábitos saludables para la longevidad -lo que sea que deba vivir pues, pero con calidad y dignidad-.
Hoy después de no sé cuánto, estoy casi satisfecha con mi vida. Y qué bueno que no lo estoy del todo, porque eso me lleva a querer y a hacer más, mucho más. Ya saben, todo eso de la trascendencia y demás, ya entendí que recae en mí, en mi esfuerzo, en mis ganas y en mi aceptar y disfrutar hasta donde se pueda.
Mirar alto y no dejar de luchar. Convicción.
Abrazos.
En fin. Lo importante hoy aquí es que estoy a punto de cumplir 30 años, a escasos 15 días.
No se qué voy a hacer, ni sisquiera sé si haya oportunidad de algo, lo cierto es que me muero de ganas desde hace tiempo de una fiesta, pero para variar, depende primero de que no haya trabajo electoral y segundo, de mi estado de ánimo.
Por primera vez en mucho tiempo, debo confesar, no me genera crisis cumplir años. Hoy puedo hacer un breve recuento de mi vida y en realidad no voy nada mal. Me siento orgullosa de mi misma. Por supuesto, también puedo hacer una no tan breve lista de cosas pendientes, pero como mal se dice, hay más tiempo que vida.
Tengo una carrera, titulada.
Tengo una especialidad, pendiente de titutar.
Tengo un postgrado por una Universidad extranjera.
Hice dos o tres diplomados en mi materia favorita, Filosofía.
Casi hablo tres idiomas.
He visto en concierto a Bosé y a Sanz.
He viajado en tres de los cinco continentes.
Estoy felizmente casada.
Tengo un gtrabajo fenomenal, auqnue sea por poco tiempo.
Además de todo eso, mis orgullos:
Mi madre está ne la Uni.
Mi hermana ya trabaja.
Mi padre sigue siendo cada vez más.
Mi marido es admirable y adorable.
Mis amigos son pocos pero de verdad, y les va bien.
Lo que falta:
Escribir un libro.
Leer muchos libros -empezaré por quitarles la envoltura-.
Tener un hijo.
Plantar un árbol.
Obtener el Fiat.
Decir un discurso frente al Gober y al Presi.
Reconciliarme con mis viejas derrotas.
Convencerme de que soy hermosa y genial.
Dejar de fumar.
Hacerme de hábitos saludables para la longevidad -lo que sea que deba vivir pues, pero con calidad y dignidad-.
Hoy después de no sé cuánto, estoy casi satisfecha con mi vida. Y qué bueno que no lo estoy del todo, porque eso me lleva a querer y a hacer más, mucho más. Ya saben, todo eso de la trascendencia y demás, ya entendí que recae en mí, en mi esfuerzo, en mis ganas y en mi aceptar y disfrutar hasta donde se pueda.
Mirar alto y no dejar de luchar. Convicción.
Abrazos.
viernes, 17 de abril de 2009
Sakura
Andar corriendo de un lado a otro, respirar profusamente y parar de pronto. El corazón late con estrépito... ¿o no? Acaso no siento el pulso. No sé si es de día o de noche, no sé la dirección en la gira el mundo, mi mundo... me dejo llevar por un instante y me percato de la estación en que me encuentro, primavera. Los cerezos empiezan a florear, comienzan a teñirse los sueños de los japoneses en diferentes tonalidades y se desata la euforia ante la inminente llegada de sus flores.
Ya no importa que hora es, sólo seguir corriendo de un lado a otro con breves espacios de observación. Qué profundo es el aire aquí. Casi no necesito inhalar, aunque el tabaco se hace indispensable a ratos. Las humaredas de gente que pasa engabardinada y se desvanece en cualquier esquina. Mares infinitos de signos incomprensibles y me mata el miedo a perderme por ahí.
Tokyo, la ciudad más cara del mundo, y más rara también. La estación del tren es un mundo entre el cielo y el infierno: o gastas hasta vender tu alma o te subes al tren para largarte lejos lo más rápido posible.
Así que desembarcamos en Osaka y seguimos, a veces en sentido contrario porque todos caminan al revés, ... ¿o éramos nosotros? No sé, después de Hiroshima es difícil explicar el sentido y el rumbo de la vida. Parece lógico ver una ciudad de una cultura milenaria atestada de edficios modernos que rodean un domo, una ruina de fierros retorcidos y piedra al lado de un río; después entrar al museo de la bomba atómica hasta el punto de la humillación que sentí por estar tomando fotografías ante una de las peores desgracias de la humanidad; y, finalmente, salir al jardín de la paz y montar una guardia de honor a las víctimas de tal desastre. Realmente lo sentí, fue el minuto de silencio más callado y agónico que he vivido.
El perdón en la cara de los chiquitos con sus gorritas azules, y la paz de las maestras explicando que no debe haber rencor sino un rotundo no a otro día despejado como aquel 6 de agosto de 1945. Las historias,... la historia de la pequeña que pensó que al crear mil grullas con papiroflexia se aliviaría el terrible mal que la mataba después de la bomba, y morir justo cuando llevaba apenas cuatrocientas. Su monumento se laza frente al del resto de las víctimas, y ahí está ella, a nueve metros del piso con los brazos extendidos y una grulla que le ayuda a elevarse para alejarse del dolor, de la efermedda, siempre con la esperanza pintada en su cara. No comí ese día.
Tres segundos. Es lo que más me impresionó, una ciudad nueva, esplendorosa, cálida, poblada de jardines y árboles luego de la sentencia de setenta y cinco años de esterilidad, rota a los siete meses al brotar una pequeña hierba a setecientos metros del punto cero. Tres segundos.
Después recordé que dos noches antes, tuve una pesadilla horrenda, y en tres segundos me enganché. ¿Qué relación podría haber entre la mujer asada y despellejada después que soñé, con algo que acababa de descubrir -porque lo que me dijeron en la escuela no es ni el diez por ciento de que es-?
La espiritualidad oriental, como la de cualquier otro lugar del mundo, es algo especial, debe respetarse,... siempre lo hago. No podía quitarme la sensación de ardor, de dolor, de deseperación, de desconcierto...
Aún hoy sueño todas las noches con Japón.
Tal vez fui demasiado sensible al dolor que aún está atrapado por ahí, entre las ramas de los cerezos dormidos. Después de tanto tiempo aún hay almas sin liberar... debo regresar al antiquísimo país lo que le pertenece y se vino conmigo, pero es necesario que me devuelva lo que se quedó allá para poder dormir otra vez.
Kyoto no fue lo mismo después de la devastación de Hiroshima. Es una ciudad patrimonio de la humanidad hermosa, pero yo ya no estaba completa para poderla apreciar en todo su esplendor.
Regresamos. Siempre con esa sensación de haber olvidado algo en aquel lugar, comparto esta historia para soltar y atraer. Para volver a ser.
Ya no importa que hora es, sólo seguir corriendo de un lado a otro con breves espacios de observación. Qué profundo es el aire aquí. Casi no necesito inhalar, aunque el tabaco se hace indispensable a ratos. Las humaredas de gente que pasa engabardinada y se desvanece en cualquier esquina. Mares infinitos de signos incomprensibles y me mata el miedo a perderme por ahí.
Tokyo, la ciudad más cara del mundo, y más rara también. La estación del tren es un mundo entre el cielo y el infierno: o gastas hasta vender tu alma o te subes al tren para largarte lejos lo más rápido posible.
Así que desembarcamos en Osaka y seguimos, a veces en sentido contrario porque todos caminan al revés, ... ¿o éramos nosotros? No sé, después de Hiroshima es difícil explicar el sentido y el rumbo de la vida. Parece lógico ver una ciudad de una cultura milenaria atestada de edficios modernos que rodean un domo, una ruina de fierros retorcidos y piedra al lado de un río; después entrar al museo de la bomba atómica hasta el punto de la humillación que sentí por estar tomando fotografías ante una de las peores desgracias de la humanidad; y, finalmente, salir al jardín de la paz y montar una guardia de honor a las víctimas de tal desastre. Realmente lo sentí, fue el minuto de silencio más callado y agónico que he vivido.
El perdón en la cara de los chiquitos con sus gorritas azules, y la paz de las maestras explicando que no debe haber rencor sino un rotundo no a otro día despejado como aquel 6 de agosto de 1945. Las historias,... la historia de la pequeña que pensó que al crear mil grullas con papiroflexia se aliviaría el terrible mal que la mataba después de la bomba, y morir justo cuando llevaba apenas cuatrocientas. Su monumento se laza frente al del resto de las víctimas, y ahí está ella, a nueve metros del piso con los brazos extendidos y una grulla que le ayuda a elevarse para alejarse del dolor, de la efermedda, siempre con la esperanza pintada en su cara. No comí ese día.
Tres segundos. Es lo que más me impresionó, una ciudad nueva, esplendorosa, cálida, poblada de jardines y árboles luego de la sentencia de setenta y cinco años de esterilidad, rota a los siete meses al brotar una pequeña hierba a setecientos metros del punto cero. Tres segundos.
Después recordé que dos noches antes, tuve una pesadilla horrenda, y en tres segundos me enganché. ¿Qué relación podría haber entre la mujer asada y despellejada después que soñé, con algo que acababa de descubrir -porque lo que me dijeron en la escuela no es ni el diez por ciento de que es-?
La espiritualidad oriental, como la de cualquier otro lugar del mundo, es algo especial, debe respetarse,... siempre lo hago. No podía quitarme la sensación de ardor, de dolor, de deseperación, de desconcierto...
Aún hoy sueño todas las noches con Japón.
Tal vez fui demasiado sensible al dolor que aún está atrapado por ahí, entre las ramas de los cerezos dormidos. Después de tanto tiempo aún hay almas sin liberar... debo regresar al antiquísimo país lo que le pertenece y se vino conmigo, pero es necesario que me devuelva lo que se quedó allá para poder dormir otra vez.
Kyoto no fue lo mismo después de la devastación de Hiroshima. Es una ciudad patrimonio de la humanidad hermosa, pero yo ya no estaba completa para poderla apreciar en todo su esplendor.
Regresamos. Siempre con esa sensación de haber olvidado algo en aquel lugar, comparto esta historia para soltar y atraer. Para volver a ser.
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