viernes, 26 de noviembre de 2010

Una tarde clara, airosa, me remontó a esas tardes huecas y llenas de sinsentidos con sentido.
Una noche fría, oscura, llevó mi espectro hasta la punta de la montaña en la que nadie escucha los gritos ensordecedores de mi garganta destrozada.
Lunas enteras que se pagan para no mostrarme más la luz, que dejaron en penun¡mbra a mi musa, aquélla que escapó hace no sñe qué tanto tiempo. La misma musa que me abandonó en medio de una botella de whiskey cuando quise hacer un compendio de lágrimas.
No quiero seguir si no sé a donde llevar mis pasos. No quiero hacer un alto en el camino, he perdido tanto tiempo.
No puedo lamentar cosa alguna que no sea las eternas horas frente a la nada.
El tiempo que pase sola, sin libros, sin fantasmas, sin tabaco, solo conmigo sin llegar a ningún lado.
La sangre torrente que mana de mis manos es la pureza del exterminio de mi alma.
Es la que me bebi sentada en el suelo de nigún lado, mientras dominaba parajes descabelladamente públicos sin que nadie me notara.
Es el residuo del espectro que soy porque soy todos, soy olvido, soy hambre y orgía.
Soy... esa, Jana Suro, la piedra de los sueños inmortales de la languidez humana.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Para variar, constancia.....
No es una de mis características.
Escribí hace año y medio y no había vuelto a ver este blog.
Es una pena.
Ya no quiero decir que voy a hacerlo, que me voy a aplicar, que ahora sí.... eso no funciona, me queda claro que lo único válido a estas alturas de mi vida sólo es la acción.
Y en eso estoy.
Quiero decir, he tenido una serie de serias experiencias que me han hecho pensar algunas cosas, entre ese montón de cosas, chicas y grandes que he pensado estos días, está el de disciplinarme en una solo cosa: hacer las cosas.
También es muy importante entender que hacer las cosas significa hacerlas uno mismo, no esperar a que otros lo hagan, rogando al cielo que lo hagan bien.... no, no es así.
Otra cosita que me viene a la mente últimamente, es mi visión de la vida misma, el cambio de actitud requerido puede hacer la diferencia, así que más me vale ser más analítica, menos impulsiva, más desconfiada y menos melancólica, más fría y menos platicadora, menos televisiva y más lectora, menos fan y más disfrutadora de mi música, más yo y menos quien esperan que sea.
Es un buen momento para renacer y emprender mis proyectos, claro con la orientación de mis sabios de cabecera, pero tomando parte activa.
Dejar de lado mis demonios es otra cosa que hay trabajar, pero rápido, por ejemplo, mi tesis de postgrado va a salir más que bien, ¿por qué me paniqueo? ¡¡¡Ni que no me conociera!!!
Bien, para ser el inicio está bien. Hasta mañana pues, y que el mundo siga girando que lo he de alcanzar.

jueves, 11 de junio de 2009

Casi 30

No tengo remedio. No escribo, pro lo tanto nadie me lee y, obviamente, no hay comentarios y menos pensar en retroalimentación.

En fin. Lo importante hoy aquí es que estoy a punto de cumplir 30 años, a escasos 15 días.

No se qué voy a hacer, ni sisquiera sé si haya oportunidad de algo, lo cierto es que me muero de ganas desde hace tiempo de una fiesta, pero para variar, depende primero de que no haya trabajo electoral y segundo, de mi estado de ánimo.

Por primera vez en mucho tiempo, debo confesar, no me genera crisis cumplir años. Hoy puedo hacer un breve recuento de mi vida y en realidad no voy nada mal. Me siento orgullosa de mi misma. Por supuesto, también puedo hacer una no tan breve lista de cosas pendientes, pero como mal se dice, hay más tiempo que vida.

Tengo una carrera, titulada.
Tengo una especialidad, pendiente de titutar.
Tengo un postgrado por una Universidad extranjera.
Hice dos o tres diplomados en mi materia favorita, Filosofía.
Casi hablo tres idiomas.
He visto en concierto a Bosé y a Sanz.
He viajado en tres de los cinco continentes.
Estoy felizmente casada.
Tengo un gtrabajo fenomenal, auqnue sea por poco tiempo.

Además de todo eso, mis orgullos:

Mi madre está ne la Uni.
Mi hermana ya trabaja.
Mi padre sigue siendo cada vez más.
Mi marido es admirable y adorable.
Mis amigos son pocos pero de verdad, y les va bien.

Lo que falta:

Escribir un libro.
Leer muchos libros -empezaré por quitarles la envoltura-.
Tener un hijo.
Plantar un árbol.
Obtener el Fiat.
Decir un discurso frente al Gober y al Presi.
Reconciliarme con mis viejas derrotas.
Convencerme de que soy hermosa y genial.
Dejar de fumar.
Hacerme de hábitos saludables para la longevidad -lo que sea que deba vivir pues, pero con calidad y dignidad-.

Hoy después de no sé cuánto, estoy casi satisfecha con mi vida. Y qué bueno que no lo estoy del todo, porque eso me lleva a querer y a hacer más, mucho más. Ya saben, todo eso de la trascendencia y demás, ya entendí que recae en mí, en mi esfuerzo, en mis ganas y en mi aceptar y disfrutar hasta donde se pueda.

Mirar alto y no dejar de luchar. Convicción.

Abrazos.

viernes, 17 de abril de 2009

Sakura

Andar corriendo de un lado a otro, respirar profusamente y parar de pronto. El corazón late con estrépito... ¿o no? Acaso no siento el pulso. No sé si es de día o de noche, no sé la dirección en la gira el mundo, mi mundo... me dejo llevar por un instante y me percato de la estación en que me encuentro, primavera. Los cerezos empiezan a florear, comienzan a teñirse los sueños de los japoneses en diferentes tonalidades y se desata la euforia ante la inminente llegada de sus flores.

Ya no importa que hora es, sólo seguir corriendo de un lado a otro con breves espacios de observación. Qué profundo es el aire aquí. Casi no necesito inhalar, aunque el tabaco se hace indispensable a ratos. Las humaredas de gente que pasa engabardinada y se desvanece en cualquier esquina. Mares infinitos de signos incomprensibles y me mata el miedo a perderme por ahí.

Tokyo, la ciudad más cara del mundo, y más rara también. La estación del tren es un mundo entre el cielo y el infierno: o gastas hasta vender tu alma o te subes al tren para largarte lejos lo más rápido posible.

Así que desembarcamos en Osaka y seguimos, a veces en sentido contrario porque todos caminan al revés, ... ¿o éramos nosotros? No sé, después de Hiroshima es difícil explicar el sentido y el rumbo de la vida. Parece lógico ver una ciudad de una cultura milenaria atestada de edficios modernos que rodean un domo, una ruina de fierros retorcidos y piedra al lado de un río; después entrar al museo de la bomba atómica hasta el punto de la humillación que sentí por estar tomando fotografías ante una de las peores desgracias de la humanidad; y, finalmente, salir al jardín de la paz y montar una guardia de honor a las víctimas de tal desastre. Realmente lo sentí, fue el minuto de silencio más callado y agónico que he vivido.

El perdón en la cara de los chiquitos con sus gorritas azules, y la paz de las maestras explicando que no debe haber rencor sino un rotundo no a otro día despejado como aquel 6 de agosto de 1945. Las historias,... la historia de la pequeña que pensó que al crear mil grullas con papiroflexia se aliviaría el terrible mal que la mataba después de la bomba, y morir justo cuando llevaba apenas cuatrocientas. Su monumento se laza frente al del resto de las víctimas, y ahí está ella, a nueve metros del piso con los brazos extendidos y una grulla que le ayuda a elevarse para alejarse del dolor, de la efermedda, siempre con la esperanza pintada en su cara. No comí ese día.

Tres segundos. Es lo que más me impresionó, una ciudad nueva, esplendorosa, cálida, poblada de jardines y árboles luego de la sentencia de setenta y cinco años de esterilidad, rota a los siete meses al brotar una pequeña hierba a setecientos metros del punto cero. Tres segundos.

Después recordé que dos noches antes, tuve una pesadilla horrenda, y en tres segundos me enganché. ¿Qué relación podría haber entre la mujer asada y despellejada después que soñé, con algo que acababa de descubrir -porque lo que me dijeron en la escuela no es ni el diez por ciento de que es-?

La espiritualidad oriental, como la de cualquier otro lugar del mundo, es algo especial, debe respetarse,... siempre lo hago. No podía quitarme la sensación de ardor, de dolor, de deseperación, de desconcierto...

Aún hoy sueño todas las noches con Japón.

Tal vez fui demasiado sensible al dolor que aún está atrapado por ahí, entre las ramas de los cerezos dormidos. Después de tanto tiempo aún hay almas sin liberar... debo regresar al antiquísimo país lo que le pertenece y se vino conmigo, pero es necesario que me devuelva lo que se quedó allá para poder dormir otra vez.

Kyoto no fue lo mismo después de la devastación de Hiroshima. Es una ciudad patrimonio de la humanidad hermosa, pero yo ya no estaba completa para poderla apreciar en todo su esplendor.

Regresamos. Siempre con esa sensación de haber olvidado algo en aquel lugar, comparto esta historia para soltar y atraer. Para volver a ser.

martes, 3 de junio de 2008

Estaba sentada, esperando. Un guiño en la mano y en la otra el libro. No recordaba el nombre, hasta que un pequeño que se acercó con cara de travesura. Peter Pan. No estaba segura de que fuera ese el título pero el gritito del niño fue suficiente para transportarme a otro tiempo y espacio. Una ciudad más o menos lejana y la música sonando: Il Baletto di Bronzo. Dos segundos después y estaba dibujando un elefante con lujo de detalle. Los colmillos. Las arrugas. Las grietas por las que se filtraban los sonidos de Tomita. Los latigazos. En un instante era The Hang Man de Rick Wakeman, y una pequeña corriendo. Van Halen y el "para atrás". Bohemian Rhapsody, un chicle y el trauma de tres meses. La llegada de mi hermanita. El nuevo miembro de la familia, tan deseado y tan esperado. Tan amado.
-Pase señorita.
Vuelvo al segundo exacto en el que estaba haciendo cosquillas al pequeño que sonreía para mí.
Que bella ironía, tan trillada y tan tristemente cierta: cuando eres niño quieres crecer, y cuando creces, quisieras volver. Sin duda, los momentos más hermosos de mi vida.
Queda mucho camino por andar, miles de historias por escribir. Hoy es un buen día para empezar.

jueves, 22 de mayo de 2008

Después de todo...

... no soy tan buena como creía.

A veces la vida, a fueza de guamazos nos enseña lo que tenemos que aprender. Hoy aprendí algo muy importante: no soy tan buena como creía, pero puedo empezar por hacerme caso de vez en cuando. Hacerle caso a esa voz interna a pesar de las instrucciones, a pesar de mis propios miedos y de mis propias seguridades. Hacerle caso a esa magia que sé que siempre he tenido. Hoy leí un post de una amiga. Me encantó. Habla de esa magia.

De cuando en cuando, me atrevo a hacer caso a mi yo, a mi misma, en diferentes momentos, y el resultado no es malo, en serio. Pero hoy, caí, y recordé una frase en boga dentro de ciertas oficinas: para saber obedecer hay que saber mandar. si no supe seguir una instrucción, supongo que se debe a dos posibilidades; la primera, me dieron una instrucción mal, o segunda, no soy buena dando instrucciones. No creo que sea cosa de interpretación, sólo de conciencia y de seguridad.

De cualquier modo ésto no es otra cosa que un lapsus. No estoy satisfecha con mis resultados. He de exigir más de mi misma, y sobre todo, he de aventurarme a escuchar a esa buena amiga que tengo y que nunca me ha fallado, a Laura Cristina.

Me voy a dormir en la conciencia de que el sueño debe ser reparador, debe sanar mis heridas del día, alimentarme y dejarme despertar con un nuevo sol, con un espíritu renovado que me dirija hacia donde deba llegar. Cada día se construye, pero sin magia es imposible. Soy una convencida de que la realidad se construye con sueños, con fantasías, con magia.... gracias Li.

lunes, 12 de mayo de 2008

Cuando la amistad....

....es sólo un "recordar con mucho cariño", es posible que en realidad esa amistad a la que le apostatste no echó raíces y fue sólo un conjunto de buenos o malos momentos, que definitivamente formaron en ti lo que eres el día de hoy.

Hace un par de días, me econtré con los papás de una entrañable amiga, que por sus circunstancias personales y sus propios demonios, decidió desaparecer y perder el contacto con todo lo que tuviera qué ver con su pasado. Me pareció razonable.

Sin embargo mi coranzoncito me decía que no era justo, para mi por lo menos, considerando que ambas nos acompañamos en momentos muy difíciles de nuestras vidas adolescentes y críticas. Me dolió mucho el día que, después de una decena de llamadas sin éxito, su madre pos fin accedió a darme información:

-Mira Laurita, no está.
- ¡Qué caray, pero qué mala suerte tengo! ¿Llegará al rato?
- Nop. Mira Laurita, se fue de León.
- (!Ah chingá! pensé) ¿Cuándo, cómo, a dónde, de vacaciones?
- Pues no. Se fue hace ya tiempo, y pues, no te puedo decir a dónde, porque pidió que NADIE lo supiera..... blablablabla.... contenta..... blablablabla..... lo que le gusta.
- Ok. Pero ¿está bien?
- Uuuuyyyy sí. Muy bien, muy contenta.
- Bueno, qué gusto. Me la saludas.

La palabra en MAYÚSCULAS es el fondo del asunto: nadie. De verdad que no puedo explicar exactamente que fue lo que sentí. Fue una serie de sentimientos encontrados que nunca voy a saber a qué parte de mi cuerpo se fueron a esconder. Por lo pronto me acuerdo y lo siento entre un pulmón y el hígado.

No tengo mucho qué decir del efecto que la palabra "nadie" tuvo en mi aquel día, porque ciertamente, su propia mamá me llegó a llamar muy desconcertada, pidiéndome que acudiera en ayuda de su hija, mi amiga, cosa que me pareció bastante bien dadas las circunstancias que vivía en aquél entonces mi entonces amiga; información que agradecí a su mamá por la confianza y el hecho de saber que en realidad era la persona en la no sólo ella más confiaba, sino toda la familia, a la que sentía como mía, incluso a la pequeña Chiquita II.

Luego me fui enterando de las formas más absurdas que estaba aquí, prácticamente que nunca se fue. Sal en la llaga.

Y debo reconocer que si ella me hubiese dicho la necesidad que tenía de no ser molestada, yo hubiera accedido gustosa, siempre que supiera que ella estaba bien, porque a los amigos se les quiere y nos preocupan. Pero no fue así.

Cuendo por fin la vi, luego de mucho tiempo, me acompañó a un evento muy triste, estuvimos juntas como antaño, apoyándonos, y resulta que ya se iba, ahora sí, a otro lado. Estaba feliz, y yo me elegré por su alegría y porque la tenía de vuelta.

Pasó más tiempo, y de la misma forma absurda me enteré que iba a ser bendecida con la gracia de la maternidad que tanta ilusión le daba y tanto tormento constituyó cuando luchó contra un desorden alimenticio.

Me la encontré con sus hermanos un buen día, meses después, con panza y todo.

- Lauritaaaa! llámame, para que conozcas mi casa.
- Claro, también puedes anotar mi número y contestar mis correos....
- ¿Pues a cuál me escribes? Pero no, háblame.
- Al que me diste, al de siempre, al que me dijiste que siguiera escribiendo.
- Ah, pues ese ya lo cancelé desde hace años, blablablabla.... fwd....blablabla
- Sale, pues tu hermana tiene mi nextel, igual pudo llamar, como antes ¿no?

No sé que más le dije, pero no fue nada ameno el minuto.

Sobra decir que con los orgullosos abuelos iba la pequeña, igualita a ella. Me dio gusto y, por respeto a la amistad que un día tuvimos, no pregunté más.

-Qué gusto verlos señores.
- Ay Laurita, a nosotros también, siempre te recordamos con mucho cariño.